Todo conectado
Pero no solamente los teléfonos evolucionan como anfibios para conectarse a Wi-Fi; lo hacen también las cámaras fotográficas, los dispositivos de juego como Play Station Portable, los automóviles, los televisores, los grabadores digitales de audio y video, y las cámaras de seguridad; de alguna manera, todo.
Con mayores riesgos comerciales nadie puede asegurar que van a ser aceptados por el mercado, aparecen dispositivos específicos cuyo objetivo principal y a veces único es conectarse a Internet Wi-Fi, como es el caso de la PC Ultra Móvil (UMPC) de Microsoft llamada Origami, una pequeñísima pantalla /computadora Wi-Fi sin teclado físico, pero capaz de desplegar un original teclado semicircular sensible al tacto en la pantalla. Origami desea ser una interfaz con el mundo de información disponible en Internet, una especie de medio absoluto y móvil para ver, escuchar e interactuar con todo.
En un camino similar se encuentran otras compañías. Nokia, por ejemplo, presentó un inusual dispositivo llamado Nokia 770 Internet Tablet (que no es un teléfono), estrictamente creado para conectarse a Internet en forma inalámbrica. El aparato Wi-Fi, ligero y elegante, cuesta en España 349 euros.
Nicolás, un ingeniero civil de 28 años, saca fotos de una obra en construcción con su teléfono celular. En un segundo, las envía por mail a todo su equipo. En Bariloche, en España y en Brasil varios de sus colegas reciben el archivo. Me interesa que los demás opinen sobre el curso de la obra, pero cada uno tiene sus actividades en lugares diversos. Enriquecemos
el trabajo así, y es productivo para todos.
La revolución inalámbrica, que alcanza todas las formas de contenido, empuja a la fotografía a conectarse de manera inmediata con Internet. El boom de los teléfonos con cámara que hace peligrar la propia existencia de las cámaras fotográficas permitió desarrollar cámaras digitales como la Kodak EasyShare One, que viene lista para conectarse a Wi-Fi y compartir instantáneamente las fotografías a través de Internet o conectarse sin cables a las impresoras domésticas o de laboratorios profesionales. También los reproductores de música empiezan a conectarse sin cables a Internet, como es el caso del Music Gremlin MP3 Player, un reproductor con el que se puede buscar y descargar música directamente.
La lista de dispositivos Wi-Fi es enorme y se agregan cada día más y más: televisores planos, monitores cardíacos, reproductores de video portátiles (Portable Video Players, PVPs) y casi cualquier cosa que se pueda nombrar. En este momento, todo lo que no es conectable a Wi-Fi está en proceso de serlo o aspira a ello, aun sin saberlo. Algo que estaba anunciado dentro de los objetivos del consorcio Cosas que Piensan (Things That Think), del Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), creado en 1995: Lograr incluir en los objetos cotidianos capacidades de
inteligencia para crear ambientes digitales aumentados. Ya está sucediendo.
La carrera de las ciudades sin cables
Antes de fines de este año, Filadelfia, la quinta ciudad más grande de los Estados Unidos, podría convertirse en la primera urbe del mundo 100% Wi-Fi. Con una superficie de 350 kilómetros cuadrados y un costo cercano a los 10 millones de dólares, la gigantesca red no le costará un centavo a la comuna de Filadelfia. La empresa EarthLink se hará cargo del proyecto y de la inversión, y según los comunicados de prensa ofrecerá conexiones de muy bajo costo para toda la población.
El 14 de noviembre de 2005, BBC Mundo conversó con Dianah Neff, que lidera el Comité Ejecutivo Wireless Philadelphia, y le preguntó si los ciudadanos tenían derecho a exigir acceso a Internet como si fuera el agua potable o la electricidad. Neff respondió: Creemos que todos deben tener acceso a Internet para poder tener éxito en esta economía del conocimiento global en que vivimos (Š); lo importante es que ese acceso sea universal y a un costo razonable. Y donde el costo sea un problema, allí creo que el Estado tiene un papel que cumplir en asegurar que sus ciudadanos puedan acceder a la Red.
Un mes antes, el 28 de octubre de 2004, la ciudad de Puerto Montt, en Chile, había mostrado qué tan lejos podían llegar las iniciativas públicas para proveer Internet a sus ciudadanos. Ese día, el puerto chileno se convirtió en la primera ciudad de ese país en distribuir completamente gratis conexiones Wi-Fi de 256 Kb.
Como parte de un tsunami Wi-Fi, el alcalde de París, Bertrand Delanoë, anunció recientemente el llamado a licitación para dar Internet inalámbrica gratis a toda la capital francesa. También en Toronto, Canadá, se anunció la creación de una red Wi-Fi cuyo acceso será gratuito durante los primeros seis meses y luego tendrá una tarifa mínima. La primera semana de abril, la ciudad de San Francisco sorprendió al mundo al cerrar un acuerdo con las empresas Google y EarthLink, que invertirán 12 millones de dólares para dar Internet Wi-Fi gratis a sus 750.000 habitantes. La lista de ciudades se acrecienta a medida que sus líderes descubren la necesidad estratégica de las metrópolis del siglo XXI, o simplemente cuando ven una excelente iniciativa para ser reelegidos.
A pesar de la fortísima oposición de las empresas de telecomunicaciones, que desean proteger sus inversiones de miles de millones de dólares en infraestructura, y que alcanza hasta a la oposición de congresistas republicanos de los Estados Unidos (que impulsan leyes para prohibir que las ciudades desarrollen sus propias redes inalámbricas), Wi-Fi avanza inexorablemente. En apariencia, nada podrá detener su expansión completa y a bajo costo. Esto parece una muy buena noticia para casi todos.
Fuente: 04/06- La Nación